A la
salida del colegio, Isidoro (62 años), Marisa (70) y Petra (69)
comentaban todo lo que estaban aprendiendo en el colegio de sus
nietos. Se trataba del Colegio Virgen de la Cabeza, en Valdepeñas,
que hacía 5 años había implantado un proyecto de Comunidad de
Aprendizaje. Los tres amigos acudían diariamente a sus aulas para
colaborar con los maestros de sus nietos y otros alumnos del centro.
-
¿Habéis visto las pizarras que utilizan hoy en día? ¡Hacen de
todo! No logro entenderlas... - Comentaba Petra frunciendo el ceño.
Isidoro,
que parecía un poco más enterado, le contestó:
- Se
llaman Pizarras digitales interactivas. Mi nieto Jesús me ha
enseñado hoy cómo funcionan.
-
¡Madre mía! Y pensar que cuando yo era maestra escribíamos en
tablillas...- añadió Marisa -Lo peor de todo es que parece que
estos profes no quieren ni oír hablar de ellas. Ayer leí un
artículo, “La competencia digital de los docentes” y decía
justamente eso, que “muchos de los profesionales de la educación
no han desarrollado una actitud favorable hacia ella” (Núñez,
Madrid, Mayorga, 2011). Seguro que tienen la tecnofobia esa...
(Ortega, y Fuentes, 2003).
Siguieron
hablando sobre el tema y los tres se mostraron muy interesados. Por
ello, decidieron hacer algo al respecto. Fueron a visitar a Jesús,
que cursaba 1º de la ESO, para que les pusiera al día de cómo
empleaban sus profesores los recursos tecnológicos que tenían en
las aulas.
Marisa
se dio cuenta del escaso partido que le sacaban a estos recursos.
Ella siempre había pensado que las tecnologías estaban
revolucionando el mundo de la educación. Se imaginaba cómo habrían
sido sus clases su hubiera tenido PDIs en el aula, ella que siempre
se tuvo que adaptar a lo poco que tenía. Y sin embargo, llegó a la
conclusión de que existía un gran desfase entre las elevadas
expectativas y el cambio real que se había producido (Coll, 2009).
Esa
misma tarde, Jesús y su abuelo pasaron horas hablando de todas las
posibilidades que tenía la pizarra digital. Jesús, a pesar de que
en su clase no le daban mucho uso, aprovechaba todos los ratos libres
para trastear con ella y había aprendido mucho sobre su manejo.
-
¿Sabes abuelo? - le contaba a Isidoro - hoy he creado un juego con
un programa que tiene mi profe en el ordenador. A mis amigos les ha
encantado y nos hemos quedado jugando en el recreo. No sé por qué
los profesores no la usan más, si la pizarra nueva es chulísima.
En
ese momento, Isidoro recibió un correo en su smartphone “Marisa
te ha enviado una invitación para unirte a facebook”.
Con extrañeza guardó el móvil sin prestar mucha atención. Pero en
seguida, una nueva vibración “Marisa te ha enviado una
invitación para unirte a twitter”.
Entonces
exclamó negando con la cabeza - ¡Ay esta Marisa! Creo que ya se le
ha vuelto a meter un virus en el móvil, mira qué correos me
manda...
Jesús,
sin poder contener la risa, le explicó a su abuelo qué era aquello
que le habían mandado y él, que no podía ser menos que su amiga,
se abrió una cuenta en ambas redes con ayuda de su nieto.
Marisa
se había quedado tan alucinada con el poco uso que se hacía de las
TIC que se abrió cuenta en Facebook y Twitter con el fin de
encontrar personas con su misma mentalidad. Creó enseguida una
página en Facebook llamada “Abuelos tecnológicos” y comenzó a
invitar a todos sus amigos de la tercera edad.
Grabó
un vídeo expresando sus inquietudes y, en cuestión de días, se
hizo viral en Internet. A la salida del colegio lo comentaban hasta
los profesores de sus nietos. Y la nombraron “encargada de
informática” de las clases de primaria.
Se
dio cuenta de que todos los docentes del colegio usaban dispositivos
en vida diaria. Tenían móviles, ordenadores...incluso el colegio
estaba perfectamente dotado de pizarras digitales interactivas,
portátiles, tablets...era un entorno ideal. El problema era que no
las utilizaban de manera adecuada. Eran un claro ejemplo de que
contar con recursos tecnológicos no es condición suficiente para
elaborar buenas prácticas de enseñanza. “No tiene mucho sentido
establecer una relación directa entre la incorporación de las TIC y
los resultados del aprendizaje, ya que esta relación estará
modulada por otro un amplio abanico de factores” (Coll, 2009).
Isidoro
se unió a la lucha de Marisa y ambos comenzaron por poner carteles
en las salas de profesores junto con el director, que estaba muy
contento con su iniciativa. Pensaron que quizás así los docentes
comenzarían a reflexionar sobre lo que estaban haciendo.
(Núñez, A., Mayorga, M., Madrid, D., 2011)
Observando
a los profesores de sus nietos, Marisa y Petra, que, a pesar de no
ser maestra había leído mucho sobre educación, se daban cuenta de
lo bien formados que estaban. Sus metodologías eran muy completas y
funcionaban de maravilla con los alumnos.
Desde
que el colegio se convirtió en una comunidad de aprendizaje, los
niños y niñas interactuaban entre ellos y con personas de fuera, de
manera que aprendían unos de otros (Brunner). Además, el
aprendizaje manipulativo que se promovía en el centro, así como la
significatividad de la emseñanza (Ausubel) permitían un aprendizaje
real y duradero.
Las
dos amigas hablaron del tema también con los alumnos de secundaria,
pues tenían interés en conocer el uso que hacían ellos de las
tecnologías. Y, como imaginaban, únicamente usaban las redes
sociales y “Google” para buscar información y hacer sus
trabajos. Como mucho, se descargaban películas para ver en casa. Ahí
encontraron uno de los fallos: la educación en las tic debería
comenzar en los primeros cursos del colegio.
Esto
les hizo recordar algo que leyeron en la revista Zer, “En
vez de simplemente acumular información, la era actual demanda
mujeres y hombre altamente competentes en la administración,
creación y explotación del conocimiento” (Cobo, 2009). A Marisa
le encantaba esta idea. Consideraba que tenía mucho sentido, pues,
si el uso adecuado de las TIC es una capacidad necesaria para la
vida, la escuela debería encargarse de ayudar a desarrollarla. “No
es ético no formar a ciudadanos competentes en la sociedad que les
tocará vivir, una sociedad totalmente digital” (G. Cabezas, 2014).
En
aquel momento, Marisa fue realmente consciente de la necesidad de que
los maestros fueran competentes en el uso de las tecnologías de la
información y comunicación. Y, como ni ella ni sus dos inseparables
amigos eran personas de quedarse con los brazos cruzados, volvieron a
hablar con el director para proponer algo más que un par de
carteles...
A la
mañana siguiente el colegio estaba repleto de letreros, el twitter
de twits y el facebook de mensajes e invitaciones:
“Nuevo
curso de formación para el profesorado. Adquiere las competencias
necesarias en el uso de las TIC para enseñar. No te quedes atrás.
RENUÉVATE.”
El
curso comenzó con mucho éxito: el 80% de los docentes del centro
estaban apuntados y asistieron a la sesión inicial. A Isidoro le dio
pena que no se apuntaran más, pues era consciente de lo ilusionada y
volcada que estaba Marisa con la causa, y sabía que le entristecería
que ese 20% no sintieran necesidad de formarse. Aún así, la cosa
comenzó mejor de lo esperado.
El
primer día se abordarían los siguientes temas:
El
resultado fue espectacular. Las personas encargadas de dar el curso,
junto con los tres amigos, se dieron cuenta de todo el potencial que
tienen los docentes de ese colegio. Tenían mucha ilusión por
aprender y mejorar la calidad de sus prácticas docentes, lo cual
favorecería la marcha de la formación. En unos días, consiguieron
que todos fueran conscientes de la “necesidad de saber utilizar e
incorporar adecuadamente las tic en las actividades de
enseñanza-aprendizaje” (Tejada, 2009).
Uno
de los profesores de Jesús propuso que crearan una especie de
comunidad en Internet en la que pudieran compartir con otros todo
aquello que estaban aprendiendo y de la misma manera aprender de
otros profesores de todo el mundo. Para ello crearon un blog en que
todos pudieran participar (haciendo uso de esas Web 2.0 que les
habían enseñado), una página de Facebook común y el hashtag
#educarcontics para twittear todo aquello que consideraran relevante.
Poco
a poco crearon su propio PLE (Personal learning enviroment) y fijaron
aquellas capacidades que deseaban adquirir. A través de Internet,
seguirían formándose en el uso de las tic como recurso educativo.
Pero
entonces, el profesor de tecnología, que era de ese 20% que no había
asistido al curso, comenzó a criticar todo aquello que tres abuelos
de alumnos habían montado.
-
¿No os dais cuenta de que para aprender tecnologías ya me tienen a
mí? - preguntó con aires de superioridad – Meteos en vuestros
asuntos y dejad de perder el tiempo.
Esto
generó un mar de dudas entres los profesores del centro ¿tendría
razón?. En la siguiente sesión de formación, tras un largo debate,
llegaron a una conclusión clara:
Con
ello querían hacer referencia a la idea de que los alumnos no sólo
deben aprender a usar determinados programas, como hacían en las
clases de tecnología, sino que deberían desarrollar habilidades que
les permitieran resolver problemas con las tic, tanto en aquel
momento como años después.
Una
vez finalizado el curso, tenían claro que querían seguir
formándose. Establecieron entre todos una lista de capacidades que
consideraban imprescindibles para un docente y que ellos deseaban
adquirir y las colgaron en el blog que habían creado para continuar
con su aprendizaje desde el enfoque PLE.
Unos
años más tarde, el colegió se convirtió en uno de los más
reconocidos en toda España por sus buenas prácticas docentes en las
que nunca faltaron las TIC. Los alumnos adquirieron grandes
habilidades en el manejo de estas. Marisa estaba encantada y
orgullosa de las grandes mejoras que habían causado.
Desafortunadamente poco a poco dejó de acudir al colegio porque su
salud no se lo permitía. Su último día, le hicieron una fiesta de
despedida y ella les dejó este mensaje:
“No
olvidéis que lo relevante debe ser siempre la educación, no lo
tecnológico” (G, Cabezas. 2014)
BIBLIOGRAFÍA:
Cobo
Romaní, J. (2009). El concepto de tecnologías de la información.
Benchmarking sobre las definiciones de las TIC en la sociedad del
conocimiento. En
Zer,
14,
pp.
295-318.
Coll,
C. (2009). Los
desafíos de las TIC para el cambio educativo (pp.113-127).
Madrid,
Fundación Santillana.
G,
Cabezas, S. (2011), ICT in Education: New Horizons to Constructivism.
Toronto: international Fundation Program.
Gallego,
M., Gámiz, V., Gutiérrez, E. (2010), El futuro docente ante las
competencias en el uso de las tecnologías de la información y
comunicación para enseñar. En EDUTEC,
34.
Mayorga
Fernández , M., Núñez Avilés, F., Madrid Vivar, D. (2011). La
competencia digital de los docentes, formación
y actualización en web 2.0. En Etic@anet,
pp.
213-232.
Ortega,
J.A. y Fuentes, J. (2003) La sociedad del conocimiento y la
tecnofobia del colectivo docente: implicación desde la formación
del profesorado. En Comunicación y Pedagogía, 189, pp.
63-68.
Tejada,
J. (2009). Competencias docentes. Profesorado. Revista de
Currículum y Formación de Profesorado, 13 (2), 1-15.
Youtube
(2011). La
competencia digital-Jordi Adell [Archivo
de Video].
Obtenido
de https://www.youtube.com/watch?v=tjC1LOC0r1g
Youtube
(2011).
Entornos
personales de aprendizaje
[Archivo de Video]. Obtenido de
https://www.youtube.com/watch?v=K0sN5O2ir4M



Pilar enhorabuena por el trabajo que has hecho. he visto reflejados muchos aspectos que hemos leído en los documentos sobre el tema de las TIC. Me ha encantado como has integrado este tema en el cuento, como han sido unos abuelos, en este caso, los que se dan cuenta del mal uso que algunos colegios dan a las tecnologías, aun disponiendo de ellas.
ResponderEliminarMuchas veces tiene que venir alguien de fuera para que nos demos cuenta de cómo actuamos y recibir un feed-back, bueno o malo, pero para tener una referencia sobre la que poder actuar a partir de ese momento. en este caso el feed-back que el colegio tuvo, por parte de Marisa, Isidoro y Petra, no fue bien recibido por parte de todos los docentes y es algo que pasa muy a menudo en los colegios: algunas personas piensan que tienen razón en lo que hacen y no cambian por nada del mundo, pero en realidad es necesario cambiar algunas cosas para seguir avanzando, como ha ocurrido en tu historia.
Enhorabuena otra vez.