Durante estos cuatro años hemos aprendido mucho, hemos reflexionado, hemos descubierto metodologías, realidades y formas de trabajar desconocidas hasta entonces. Pero sentarnos en frente de un ordenador o de una cámara y crear un vídeo de realidad aumentada, esto nos ha pillado por sopesa. Ni que decir tiene que no tiene nada que ver la manera en que aprendes unos datos o información a cómo aprendes a hacer esto, pues se trata de un conjunto de acciones de diverso tipo: leer, buscar, escoger, crear, actuar, grabar, editar, montar... y la única forma de aprender es haciéndolo. Bueno, miento, viendo un tutorial y HACIÉNDOLO.
Hay una cierta inseguridad e inquietud que te motivan a seguir, las ganas de saber si serás capaz de hacerlo o no. Las ganas de aprender cosas y tener éxito en una tarea nueva. Todo ello han sido factores que han contribuido en el aprendizaje de estos nuevos procedimientos. Además, el hecho de trabajar en grupo es fundamental. El contar con tu equipo y no hacerlo tu sola te asegura un éxito mayor si sabéis coordinaros bien. El reparto de tareas o el realizar una tarea entre tres es más fácil y llevadero. No siempre es así, pero en este caso concreto, lo ha sido. Y mentiría si dijera que no nos lo hemos pasado genial haciéndolo.
Durante la realización de este trabajo he aprendido muchas cosas. La primera de todas, por supuesto, a hacer un vídeo de realidad aumentada. Pero esto implica gran cantidad de aprendizajes previos: preparar un guión, aprenderlo, grabar y editar el vídeo, convertir la imagen en un trigger para que se vea el vídeo... son pequeños pasos que, una vez terminados, tienen con resultado un vídeo de realidad aumentada.
En ocasiones, hablamos a los alumnos de conceptos, objetos o incluso procedimientos que no podemos expresar con palabras para que nos entiendan correctamente. Este es uno de los casos en los que la realidad aumentada podría ayudarnos. Por ejemplo, si hablamos del Coliseo romano, es más atractivo y clarificador para los niños verlo desde varias perspectivas, desde distintos ángulo, etc, en lugar de ver únicamente fotografías.
Además, hay un elemento motivador fundamental. Los niños tienen una curiosidad innata que les lleva a querer aprender cosas constantemente y se fascinan con lo nuevo. Estos días he podido comprobar esto en las prácticas con los códigos QR. En solo dos días se han vuelto locos con esos pequeños laberintos que nos enseñan cosas nuevas. De la misma manera, la realidad aumentada es algo novedoso para ellos y la interacción con ella les motiva mucho.

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